Anoche cuando estaba terminando el té con leche vino Olga, la de al lado, a decirme que en cinco minutos me llamaba Paola, mi hija, la mayor; desde que no tengo teléfono nos manejamos así porque a Olga no le molesta, Paola es muy educada y no anda llamando a cada rato, en vez con Andrea, la más chica, nunca se sabe; cuando Olga se enteró de que yo no tenía más teléfono, fue cuando lo habían aumentado, igual yo ¿para qué lo quería? si ni lo usaba, enseguidita se apuró a ofrecerme el suyo, ella siempre tan atenta …Me puse un saquito en los hombros así nomás, sobre el batón, total ¿qué le hace?, si estamos acá adentro, y fui con ella. Cuando sonó el teléfono, Olga bajó la televisión para que yo pudiera oír bien y hablar tranquila; Paola quería decirme que, como mañana cumplo setenta y tres años, me espera a la tardecita en su casa, ni vale la pena que vaya, más que... mucho ya no salgo, pero ¿qué le va a hacer?, si le digo que no, es capaz de venirse con todos los chicos para acá y me da no sé qué después... irse tan tarde, me da miedo, más que hasta que pase el invierno oscurece tan temprano...
Así que, a eso de las cinco y media me saqué los ruleros que me había puesto Olga, que ni gracia me hicieron en el pelo, está tan blanco… tendría que ponerme tinta pero no tengo ganas, ¿para qué?, además atrás no me veo y se me cansan los brazos; me saqué el batón y me puse el vestido celeste, el que me regaló Paola para cuando cumplí sesenta, se ve que era de calidad, porque salió bueno y es de fresquito, es que en lo de Paola siempre hace calor, así que ni la combinación me puse, porque todas las enaguas que tengo son de calurosas... vaya uno a saber adonde fue a parar esa linda que tenía, esa que era de algodón… hay tanto embrollo en ese ropero… pero yo no puedo sola; pensaba ir caminando despacito, si está a doce cuadras, acá mismo, en Barracas, cerca de la plaza Colombia vive, pero Olga me contó que anteayer le pareció que le querían robar, así que mejor, voy en el colectivo, el verdecito me deja cerca de lo de Paola, pobre, encima que trabaja desde las seis… ya a las cinco tiene que salir de la casa y vuelve tan tarde y el otro vago, Víctor, ahí tirado, ni los chicos le mira, tan chiquitos, hay que ver como entre ellos se arreglan solos, y bué, ella lo quiere, si hasta el vino le trae a la noche, para él, porque ella no toma, y después se le duerme ahí, mirando tonteras en la televisión… para lo que hay que ver..., más valdría que haga otra cosa, qué sé yo; y Paola, pobre, hasta que los chicos se acuestan no descansa un minuto, pero… ¿qué le vas a decir?, si ella es feliz… yo no creo...
No quería llevar ni la cartera porque nunca voy cómoda en el colectivo, así que guardé todo bien en el bolsillo de adentro del camperón, el marrón que es livianito pero de abrigado, era de mi marido… ese si que era un buen hombre, un esposo ejemplar, siempre de buen humor, trabajaba tanto que casi no nos veíamos, pero qué felices que éramos… cuando él llegaba yo, casi siempre, ya dormía, no sé a quién habrá salido tan bueno, porque el padre parece que era de andar por ahí, le gustaba el juego, hasta que un día, Anna, mi suegra, lo echó y le dijo a mi marido: tu padre fue la noche y vos serás el día, y parece que fue así nomás, ella era modista, daba clases, había venido de Holanda y tenía un carácter… ni se la escuchaba, pero cuando decía algo, madre mía… daba miedo, hay que ver cómo le hacían caso todos los chicos del barrio y a mi marido, más de una vez lo dejó castigado sin salir al terreno baldío de la cementera, pobre… miraba sentadito desde el paredón de la terraza a los chicos jugando a la pelota, le hacía pasar cada calor, pero le salió bueno ¿eh?, bah, antes era distinto, los chicos, ahora, no hacen caso, mandan ellos, como los de Paola que la vienen loca…

Salí, con tiempo, hasta la parada del colectivo, están tan rotas las veredas, es una lástima, baldosas buenas todas arruinadas, cosa de romperse un hueso. Casi lo pierdo, porque vino pronto, pensé que no lo alcanzaba a tomar… subí y menos mal que me agarré bien, porque el chofer... parecía que tenía que ir a apagar un incendio de tan apurado que iba, ¿qué va a hacer?, todos andan así, como unos locos, si hay días que no puedo ni cruzar Montes de Oca; me quedé parada adelante, porque atrás estaba de oscuro, no se veía nada y uno qué sabe; pensar que a mis hijos no tenía ni que decirles que se levanten para darle el asiento a una vieja como yo, pero bué… igual el viaje es tan cortito, que ni vale la pena… Yo me bajo siempre en la esquina de la plaza, a una cuadra de lo de Paola y voy todo por la vereda de la iglesia que está más despejada.
Cuando me estaba bajando, ya casi tenía un pie en el suelo, ni pasamanos había... al loco este le viene el apuro de nuevo... y ¡adiós! ¡qué vergüenza…! caí redonda en medio de la calle, es que es tan alto el escalón y ni siquiera se acercan a la vereda…
La muchachita, la que bajó conmigo, me ayudó a sentar en el cordón de la vereda y me pidió que me quedara quieta, parece que la rueda del colectivo me pasó por arriba del pie… yo ni alcanzo a verme. Le dije que Paola me estaba esperando y justo yo me vengo a caer… ¡qué desgracia! La chica ésta se fue a pedir ayuda, yo no sé, para mi no hacía falta, se lo dije, pero ella igual fue. Claro, con el frío que tenía en las piernas ni sentía, estas medias de nylon no abrigan nada, me parece que las que usaba de jovencita venían más gruesas, no sé, en fin… Al volver, me dejó llamar con el teléfono ese, con el celular a Paola y al rato estaban ahí los doctores de la ambulancia, los policías, un montón de gente, todos amontonados, yo no sé, había un barullo...
Cuando vino Paola yo pensé que venía a buscarme, pero no, el doctor le dijo que era mejor que vaya al hospital y me saquen unas radiografías... al final, termino siendo siempre un estorbo... Pobre Paola, no sé ni con quién habrá dejado a los chicos, por la hora digo, bah, ya está medio oscuro, porque ellos igual, se arreglan solos.
No se la ve enojada, es que tiene una paciencia la pobre… Andrea, la otra, es más nerviosa, más cascarrabias. En fin, acá estamos Paola y yo en la sala de guardia, esperando… parece que los doctores no están… vaya uno a saber qué habrá pasado...
Quien hubiera dicho, terminar mi cumpleaños acá, en el Argerich y yo sin combinación...
Más valdría no haber salido…



